jueves, 17 de noviembre de 2011

Lengua sexista: toda la verdad

¡Nuestro idioma es sexista! ¡Ay! ¡Nuestra lengua discrimina!
¿Cuántas veces han oído palabras así? Yo muchas y muchas veces me enfado, porque las lenguas (empezando por la mía) me encantan y ellas no tienen la culpa de nada. Me propongo desentrañar la verdad de algunos de los casos más sonados.

CASO 1: El pueblo contra COÑAZO y COJONUDO.
"¿No os dais cuenta? —dicen— Cuando algo mola es COJONUDO, pero si no mola es un COÑAZO. ¡El castellano es sexista!"
Bueno, un poco de tranquilidad todos. Las palabrotas son muy caprichosas e igual que "hijo de puta" es lo peor que le puedes llamar a un señor por la calle, "ser un tío de puta madre" es el grado más elevado en calidad humana.
Para seguir yo les diría a esas personas que para mí un coñazo (un buen coño) es cojonudo, mientras que unos cojones... en fin, son un coñazo.
Así que... ¿quién creó esas expresiones? ¡Ajá! Seguramente personas atraídas por los cojones cojonudos y aburridas de coños coñazo, esto es, las mujeres heterosexuales.

CASO 2: Kramer contra el término marcado.
"¡El español es machista! Si no, ¿por qué en plural, cuando hay hombres y mujeres, siempre se opta por el masculino?"
Interesante pregunta. ¿Por qué optar por un género que agrupe a ambos cuando es igual de sencillo decir "empresarios y empresarias" o "las y los estudiantes" o "los y las padres/madres de los alumnos/alumnas"... ¡Espera! No es igual de fácil... ¡¡Es mucho más difícil!!
El lenguaje humano tiende a la economía. Por eso, como en otros aspectos de la gramática, tenemos un término marcado (el femenino) y uno no marcado (el masculino).
Con el término marcado nunca hay duda. Por ejemplo: "Estaban todas mis alumnas". Ahí sabemos que a esa asignatura sólo concurren humanas hembras. Mientras que en la frase "Estaban todos mis alumnos" rara vez se entiende que únicamente se trate de varones. Normalmente pensamos que hay un poco de cada.
Vaya... resulta que el lenguaje es mucho más preciso cuando hablamos de mujeres. ¿Por qué? ¿Porque el lenguaje es feminista? ¿Por qué se nos niega a los hombres el derecho a tener un término marcado, preciso como Dios manda? La respuesta es sencilla: porque sí. Porque había que elegir un género. Así que nadie se altere.

CASO 3: Alien contra los guapos.
Por último, os hablaré de un caso en el que creo que nadie ha reparado antes: los adjetivos de la belleza.
En castellano tenemos muchas palabras que denotan belleza: guapo, hermoso, bonito, bello...
Normalmente, para hablar de personas utilizamos el adjetivo "guapo/a". Una persona con una cara agradable a la vista es una persona guapa. Tanto si es hombre como si es mujer. ¡Qué equitativo es el lenguaje aquí! No ocurre lo mismo en otras lenguas sexistas, malvadas y perniciosas como el inglés y el alemán.
En inglés una chica es "beautiful" pero un hombre es "handsome". Cada cual tiene su adjetivo propio, pues se entiende que la belleza masculina y la femenina no son cualidades idénticas, sino vagamente comparables.
En alemán una Frau será "hübsch" mientras que un Mann es "schön". En este caso el término marcado es "hübsch", que sólo puede aplicarse a señoritas, mientras que el no marcado es "schön", que vale tanto para unos como para otras.
Aun así, podríamos decir que el alemán es una lengua sexista, que concentra más adjetivos de belleza en lo femenino que en lo masculino.
¿Y en castellano? Pasa algo parecido.
Podemos hablar de una chica guapa, una chica hermosa, bella o bonita. Pero con los chicos... Uy... "Un chico guapo" suena perfectamente. "Un chico hermoso" iiiighhh... ya chirría un poquito. "Un chico bello" tampoco termina de encajar. Pero "un chico bonito"... ¡eso no se ha dicho jamás! Bonito es una palabra prohibida para los hombres.
"¡Qué hembrista es nuestra lengua! —dirán ustedes— ¡Cuán confundidos hemos estado todo este tiempo!"
Pues permítanme aclararles que éste es el único caso en que sí considero que las palabras pecan de cierto machismo. ¿Por qué? Veamos. Al principio dije que "guapo" era un adjetivo calificativo especializado en personas. Excepto los macarras de hoy en día que no dejáis de decir "qué coche más guapo" o "esta canción está to guapa". Pero dense cuenta de que aquí "guapo" no significa "pleno de belleza" sino guay, chachi, chuli, dabuten o fetén.
Por el contrario "bonito" es el guapo de las cosas. "Bonitas" llamamos a los objetos: una casa, un barco, un cuadro o un paisaje pueden ser bonitos. Y por eso mismo, por su cualidad de objeto y su tradicional pertenencia al sexo fuerte, se puede decir que una chica es bonita. Porque es una cosa más de las cosas bonitas que yo puedo poseer.

CASO 4: Cabe con contra Predator.
Y por último, un caso más de machismo más o menos bien justificado. Existen los sustantivos "hombría" y "virilidad", que proceden de "hombre" y "viril" y que están cargados de connotaciones positivas. Hombría es sinónimo de valor y virilidad lo es de potencia.
Sin embargo, ¿qué tenemos para las damas? De mujer no sale "mujería" (ni mujereza, ni mujeridad, ni mujerez) y para "viril" ni siquiera hay un antónimo femenino. Tenemos feminidad o femineidad que dan en asociarse con delicadeza, ternura y suavidad (cualidades estas para mí igual de loables que la potencia y el valor) pero no nos engañemos: femineidad significa exactamente eso: las cualidades del sexo femenino, igual que masculinidad quiere decir las cualidades del sexo masculino. Entonces, ¿dónde están las equivalentes a hombría y virilidad? ¡No están! O al menos yo no he dado con ellas.

Así que, en algún caso (y siempre por culpa de sus usuarios y no de la lengua en sí misma), el castellano sí que puede pecar de machista. Pero no se preocupen. El castellano no piensa. Pensamos las personas que lo usamos. Y la lengua es una cosa viva. En nuestras manos está el usarlo bien o mal, el convertirlo en una arma de discriminación, en una herramienta de utilidad, o en un juguete para divertirnos.